Los miedos y la medicalización de la vida

miedoLos miedos y la angustia vital son tan normales como las adversidades y complicaciones diarias que en ninguna forma se pueden evitar por completo, y en cuya superación se refuerza, mejora y aguza la resiliencia, esa fortaleza que nos permite sobrevivir como individuos y especie. Por ejemplo, no podemos ni debemos evitar el dolor por completo, al tiempo que conviene el miedo a las actividades y actitudes que provocan dolor. Bien se ha dicho que el dolor es un don, el don que falta a los pacientes con lepra y cuya ausencia provoca daños terribles por sí misma. Conviene el dolor físico, que es salvador y evita males mayores, y convienen en dolor psíquico y el social. No podemos ni debemos ser insensibles ante las adversidades personales (“mi madre ha muerto”, “me han despedido del trabajo”, etc) ni ante las adversidades sociales (es bueno y necesario que nos duela el ver a un mendigo refugiado por la noche entre cartones, por ejemplo). Precisamos, pues, del dolor en sus variadas versiones. No hay que evitarlo del todo pues nos hace humanos y potencia la resiliencia.
(de Juan Gérvas sobre “Medicalización de la vida”, Pastillas las Justas, Madrid, 27 de febrero de 2015).

 

Si, fijate que la deriva educacional en los últimos años ha sido patológicamente proteccionista y paternalista.” Mi niño que no se traumatice ..”., y se ha generado una generación genéticamente normal pero con escasa o nula resiliencia. Su incapacidad para gestionar la frustración es muy escasa y  pocas sus habilidades para superar infortunios. El bloqueo emocional y las espectativas de resolución a través del sistema sanitario ha conllevado a un consumo de psicofármacos descomunal. Pero como reconducir el tema en un colectivo con ese lastre con medios no farmacològicos? Labilidad emocional + fragilidad de valores + entorno hostil = arma de destrucción masiva. Es cierto que los humanos generamos recursos cuando nos exponemos a las adversidades, pero si el bombardeo es supraumbral el resultado es estupor y parálisis. Debo reconocer que los instrumentos de manipulación y destrucción han sido de una gran eficacia, sin ruido ni sangre. Sólo zombis sin capacidad crítica, educados para consumir y ahora no pueden ni eso.

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